Señalamientos de corrupción y enseñanza deficiente en educación vial y manejo defensivo parecen ser el talón de Aquiles de las escuelas de automovilismo del país. Para muchos expertos esto las ha llevado a convertirse en un mero requisito para obtener la licencia de conducir, poniendo en peligro la vida de miles de conductores y peatones.
Preparar y evaluar la capacidad de un futuro conductor, para obtener la licencia de conducir, es una labor que el Departamento de Tránsito de la Policía Nacional Civil delegó en las escuelas de automovilismo desde hace años.
Avaladas por el Acuerdo Gubernativo 242-99, estas academias tienen la responsabilidad de capacitar, examinar y autorizar el certificado que le da el aval a los futuros conductores para tramitar y obtener su licencia de conducir, pero, muchos sectores, privados y gubernamentales, desconfían de su trabajo.
Los señalamientos de corrupción, venta de certificados sin que los aspirantes a pilotos hagan los exámenes respectivos, y la deficiente enseñanza en cuanto a educación vial y manejo defensivo parecen ser la sombra que persigue a estos centros.
Avaladas por el Acuerdo Gubernativo 242-99, estas academias tienen la responsabilidad de capacitar, examinar y autorizar el certificado que le da el aval a los futuros conductores para tramitar y obtener su licencia de conducir, pero, muchos sectores, privados y gubernamentales, desconfían de su trabajo.
Los señalamientos de corrupción, venta de certificados sin que los aspirantes a pilotos hagan los exámenes respectivos, y la deficiente enseñanza en cuanto a educación vial y manejo defensivo parecen ser la sombra que persigue a estos centros.
A la par de ello, muchas de estas escuelas “no cuentan con espacios para dictar clases teóricas, lugares especiales para la preparación práctica, no tienen simuladores (de automóviles), ni cuentan con vehículos de doble mando, los cuales son requisitos exigidos por el Departamento de Tránsito”, aseguran los expertos.
Mala nota
El actual sistema de evaluación para obtener la licencia de conducir no inculca ningún tipo de conducción eficiente, ni mucho menos de manejo defensivo al receptor de las clases, comenta la instructora de manejo defensivo Luz de Cabrera, quien añade que en la mayoría de los casos las escuelas se limitan a enseñar a conducir para aprobar, sin más.
Y es que las escuelas de automovilismo funcionan como juez y parte, critican los expertos. “No puede ser que ellas mismas tengan el papel de preparar al futuro conductor y luego lo examinen. Esto se presta para muchas irregularidades”, expresan tras bambalinas encargados de las policías municipales de tránsito consultados, quienes prefieren mantenerse en el anonimato.
Lo ideal sería contar con más regulaciones por parte del Departamento de Tránsito de la Policía Nacional Civil, o en todo caso esta dependencia debería encargarse de hacer las pruebas antes de dar la autorización para obtener la licencia, añaden.
En su defensa, Edgar Mazariegos, director del Departamento de Tránsito de esa dependencia, señala que eso es lo que están buscando a través de una reforma a la legislación de tránsito para que las escuelas “ya no sean juez y parte, sino sea el departamento a su cargo, o un tercero, el que certifique a los futuros conductores”.
La intención es quitarle la potestad a las academias de realizar los exámenes para conducir, ya que es el principal foco de corrupción. Pero esa “buena intención” se ha quedado solo en eso, pues desde hace muchos años se ha querido hacer y no se ha logrado”, expresan los especialistas.
No obstante, el ingeniero Guillermo Bram, director del Consejo Nacional de Prevención de Accidentes, Compreve, va más allá al asegurar que se debería crear una superintendencia de tránsito, la cual regularía todo lo relacionado con el tema de tránsito en el país.
Lo que se hace en otros países es mantener departamentos especiales que se encargan de controlar la parte teórica y práctica de los exámenes. En este proceso se filma todo para evitar cualquier tipo de problemas, señala Bram.
“Es necesario que las autoridades encargadas de Tránsito establezcan nuevos mecanismos de control sobre las academias de automovilismo, para que los exámenes sean funcionales y los nuevos conductores estén más conscientes de su responsabilidad como pilotos”, señalan las autoridades de Maycom, empresa encargada de emitir la licencia de conducir.
Las encargados de Maycom están convencidos de que las autoridades de tránsito tienen el control sobre los certificados, pero no sobre la forma como se hacen los exámenes en las escuelas de manejo. Y quizás tengan razón en este sentido, pues las academias son supervisadas por el Departamento de Tránsito cada seis meses, de acuerdo a lo expresado por el director de este departamento, Edgar Mazariegos, quien se justifica al decir “que tiene a su cargo muchas más funciones y no solo el tema de las escuelas”.
Esto preocupa a la licenciada Cabrera, pues asegura que el altísimo número de accidentes de tránsito que se producen en el país es provocado por la falta de educación vial y por el escaso respeto a las normas, por lo que el tema merece toda la atención del caso. Hasta el momento este tema no pasa de ser un mero requisito, limitado a la enseñanza ocasional de las señales de tránsito en las escuelas de automovilismo, previo a obtener la licencia de conducir, señala la profesional.
Enseñar a conducir no es posible en 10 horas, el mínimo que dedican las autoescuelas a las clases antes de que un alumno pueda examinarse. Pero estos centros de enseñanza son lugares donde se imparten clases, pero también son negocios. El factor “calidad de aprendizaje” queda en segundo o tercer planos.
Son miles los usuarios con licencia de conducir, pero no todos saben cómo controlar un vehículo cuando hay agua en la carretera, qué se debe hacer cuando se pierde el control en una curva o cómo se conduce sobre asfalto deslizante. Ninguna de estas cuestiones se enseñan en una autoescuela, pero es necesario aprenderlas.
Por eso es que los expertos abogan por que antes de que se autorice la licencia, el futuro conductor se someta a un curso de manejo defensivo. De sea manera se evitarían muchas desgracias y numerosos accidentes en carretera, señalan.
En ese sentido, Amílcar Montejo, director operativo de Emetra, expresa que es imperativo que el conductor conozca las leyes y códigos de tránsito que, con el sostén de un proceso formativo integral y permanente, ayudarán a que se convierta en un buen conductor, consciente de que el vehículo que guía puede ser, en sus manos, un arma mortal.
Lo mismo asegura el ingeniero Bram, del Compreve, al señalar que un vehículo no es un juguete ni un simple símbolo de status y poder, es una maquinaria poderosa que en manos inescrupulosas e irresponsables puede convertirse en causante de daños materiales y humanos irreparables. Pero conducido por un ciudadano responsable, entrenado y solidario, respetuoso de las normas y con control sobre sus reacciones, es un elemento de confort, progreso y comodidad puesto a su servicio.
Un mal de antaño
Aunado a la deficiente enseñanza en materia de educación vial y manejo defensivo, las academias arrastran desde hace muchos años con señalamientos de corrupción y venta de certificados, lo cual es tema recurrente, según estiman los expertos.
Uno de los expertos entrevistados confirma que a uno de sus nietos también le cobraron Q1,800 para tramitarle la licencia de conducir, sin pasar por los respectivos exámenes teórico y practico.
Karina Segura también tuvo su experiencia negativa en una de las academias. El instructor no tenía la preparación adecuada y le gritaba palabras soeces cuando ella realizaba alguna maniobra equivocada. Las horas del curso se terminaron y le dijo que tenía que tomar horas extra de clases para terminar de aprender, lo cual aumentó el costo del curso. Al final, aunque sacó su licencia, prefiere no salir a la calle en su vehículo, pues le da miedo y sabe que le falta mucho para tomar el volante.
Y así, la lista de casos es larga. Sin embargo, en los dos años que tiene de estar en la dirección del Departamento de Tránsito, Edgar Mazariegos asegura que no existe ninguna denuncia en este sentido. A criterio de los especialistas es una muestra de que no existe ningún control sobre estos centros. Realmente no hay un colador que impida que los malos conductores salgan a las calles, expresa Jorge de León, vocero de Emixtra.
Por eso muchas organizaciones han propuesto una reforma a la Ley de Tránsito y su reglamento para “tomar al toro por los cuernos”, como reza el refrán. Compreve es una de ellas, y dentro de sus peticiones está la de suprimir el Acuerdo Gubernativo 242-99, el cual autoriza a las academias a enseñar, tramitar, examinar y autorizar los certificados, pues promueve la corrupción, dice el ingeniero Bram. Sin embargo, muchas de esas peticiones de reforma han caído en saco roto, ya que desde hace cuatro años están engavetadas en algún despacho del Ministerio de Gobernación, se queja el director del Compreve.
Un buen conductor no nace, se hace
Los pilotos del transporte pesado y autobuses urbanos, a juzgar por los especialistas, también carecen de esa formación de educación vial. Y no es para menos, pues el 90 por ciento de los accidentes se deben a la inexperiencia y falta de pericia de los conductores.
Un examen teórico de forma para llenar un requisito y 10 o 15 minutos de una prueba práctica, no son garantía para otorgarle a alguien el aval de llamarse piloto profesional y que circule por las carreteras nacionales, poniendo en riesgo la vida de miles de guatemaltecos, expresa Luz de Cabrera.
Para esta experta aprender a conducir parece sencillo y, en la mayoría de los casos, se toma a la ligera, aunque para ser un buen conductor hagan falta muchas horas de práctica y múltiples habilidades.
Los instructores profesionales de manejo estiman que para la formación de un buen conductor debe darse todo un proceso que conlleva una inducción de 120 horas a los aspirantes, acompañados por un profesional, para tener suficiente pericia y estrategia, y así enfrentar tanto situaciones normales como casos críticos.
De Cabrera expresa que es imprescindible que los aspirantes a pilotos aprueben exámenes de conducción preventiva, mecánica, primeros auxilios y combate de incendios. En aspectos psicológicos deberían manejar técnicas para calmar la agresividad, tolerar el estrés y tener habilidad para atender al público. De lo contrario, no se les debería otorgar una licencia profesional.
Autoescuelas: ¿inocentes o culpables?
En defensa de sus centros de enseñanza, sus representantes explican que sus escuelas sí capacitan de forma integral a sus alumnos. Pero ninguno de ellos se atreve a meter las manos al fuego por el resto de las academias. Hay escuelas mejores y peores, dice uno de los encargados. La Escuela de Automovilismo ETNA, por ejemplo, insiste en que los alumnos que salen de ahí conocen lo suficiente para estar frente al volante de un vehículo. “Los formamos en los distintos ámbitos que conforman la preparación integral, como son: seguridad vial, sensibilización para una conducción segura y seguridad activa y pasiva en los vehículos”, dice la encargada, Carmen Ramírez.
En la misma sintonía se expresa Rogelio Morales, director de la Escuela Técnica Profesional de Automovilismo, quien asegura que ellos han elaborado una serie de manuales enfocados a brindarle al futuro piloto una enseñanza adecuada en educación vial y manejo defensivo. “Contamos con un manual que denominamos Reglas básicas para evitar accidentes, al cual le ponemos mucho énfasis a la hora de impartirle clases al alumno”, señala.
Morales, quien tiene más de 20 años de impartir clases de automovilismo, comparte la idea de que las escuelas solo deberían preparar práctica y teóricamente al aspirante a piloto, y que una entidad independiente se encargue de evaluarlo. “Con esto se garantizaría un proceso transparente y se evitarían muchos focos de corrupción”, expresa.
En fin, encargados de otras academias blanden su espada en defensa de su integridad, pero la realidad de una deficiente enseñanza en el tema de educación vial y manejo defensivo, así como los constantes señalamientos de corrupción en estos centros, continúan presentes.
Para los expertos, este tema debería tratarse con mucha profundidad, ya que es un problema social que se alimenta con vidas humanas. Eso sí, todos coinciden en que el cambio no ocurre agitando una varita mágica. Se requiere contar con el compromiso de la clase política, del gobierno, de las academias y de los futuros pilotos, para apostarle a la calidad y a la transparencia.
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