La mayor parte de las decisiones que se toman al volante dependen de una óptima salud visual. Ante ello, especialistas en el tema expresan su preocupación, porque el examen que se realiza a quienes optan a una licencia de conducir deja muchas dudas sobre la capacidad visual de quienes conducen un auto.
Sonia había acudido a una de las clínicas autorizadas por el Departamento de Tránsito para cumplir con el requisito, previo a obtener su licencia de conducir. Sin embargo, no podía salir de su asombro, pues ella sabía que tenía problemas visuales, pero para su sorpresa había pasado la prueba.
Con documento en mano, Sonia se dirigió a Maycom, Mayoreo de Computación S. A., y minutos después ya tenía su licencia de conducir.
Similar experiencia vivió Guillermo Bran, presidente del Consejo de Prevención de Accidentes y Educación Vial, Compreve, cuando renovó su licencia. A pesar de utilizar lentes para manejar, recetados por un oftalmólogo particular, el día del examen, en una óptica autorizada por el Departamento de Tránsito, no tuvo ningún problema para que le extendiera el certificado de aprobado.
Las anteriores experiencias se repiten día a día en el proceso para obtener la licencia de conducir, en donde la evaluación oftalmológica, que valida a los pilotos a conducir en condiciones saludables, se ha convertido para unos en un mero requisito y para muchos en un negocio jugoso, antes que brindar seguridad a los propios automovilistas y a los peatones.
De acuerdo con expertos de la Asociación Guatemalteca de Oftalmología, una evaluación ocular debería incluir un examen de agudeza visual, sensibilidad al contraste, campo visual, adaptación a los cambios luminosos, así como de las funciones oculomotrices, la acomodación, la visión de colores y la presencia de cambios transitorios perturbadores de la calidad de la imagen.
Revisar únicamente una de las áreas anteriores no brinda ninguna seguridad al conducir un vehículo, señala el oftalmólogo Cristian Acevedo, pues aunque los defectos de visión pasan más inadvertidos durante el día, por la noche la agudeza visual se reduce en un 70 por ciento y, por tanto, el sentido de la profundidad es hasta siete veces menor.
En ese sentido, según los expertos, se debe buscar un margen mínimo de exigencia para garantizar seguridad al conducir, tanto para el sujeto, como para los demás conductores y peatones.
Una de las pruebas más simples, utilizada a escala internacional, es la lectura de la Tabla de Snellen a una distancia predeterminada. Sin embargo, se acepta mundialmente que este requisito por sí solo no es suficiente para garantizar una conducción segura.
El doctor Acevedo expresa que la visión 20/20 es la puntuación óptima que se puede obtener con dicha tabla, pero no corresponde necesariamente a una visión perfecta, ya que la prueba Snellen no es lo suficientemente sensible para detectar reducciones en la calidad de nuestra visión o visión funcional.
Por su parte los especialistas de la escuela de Optometría de la Universidad Galileo explican que el umbral estándar usado para la agudeza visual es 20/40 (0.50; 6/12) y es un requisito aceptado para manejar en muchos países.
Sin embargo, “en un conductor quien únicamente se ha hecho esa evaluación, su visión es similar a cuando conduce dentro de un túnel, de esa cuenta no sabrá como está su campo de visión, el cual le sirve para reaccionar ante un evento inesperado, por ejemplo cuando un niño sale corriendo entre los automóviles estacionados”, señalan especialistas de la Asociación Guatemalteca de Oftalmología.
La mayoría de expertos coinciden en que la buena visión es esencial para una conducción segura. “Por ello es muy importante realizar un buen examen de la vista al momento de que todo automovilista solicite su licencia de conducir, sea esta una primera vez o una renovación”, explica el licenciado Fredy Ardón, de la Escuela de Ciencias de la Salud de la Universidad Galileo.
Una mala visión es un peligro, tanto para la seguridad del propio conductor como para la de los demás usuarios de la vía, expresa Amílcar Montejo, intendente de la Policía Municipal de Tránsito. Por eso el conductor debe tener un especial cuidado en este aspecto y acudir al médico tan pronto como detecte deficiencias en su visión.
Pero tras bambalinas muchos expertos en el tema han reconocido, y advertido, de que las revisiones que se realizan en los centros médicos de conductores no contemplan las pruebas necesarias para detectar patologías que puedan influir en la buena conducción.
Los especialistas han alertado que la graduación de la vista puede variar de un año a otro, motivo por el cual recomiendan la revisión anual por un médico especialista.
El reglamento actual exige a las ópticas autorizadas que realicen pruebas relativas a la agudeza visual, lo que se conoce como graduación de la vista. No obstante, la normativa no incluye pruebas importantes como la campimetría computarizada (campo visual) y los tests computarizados de sensibilidad al contraste y de visión de los colores, que son los que también detectan si la persona está capacitada para conducir”, expresa el oftalmólogo Acevedo.
El galeno añade que para manejar con seguridad, un piloto no solo debe reunir los requerimientos de agudeza visual, sino también tener buenos reflejos y un buen campo de visión.
Ambos especialistas expresan que la visión central o agudeza visual se utiliza para percibir detalles, identificar y/o reconocer lo que el conductor observa, como una señal en el camino, un peligro o un cambio en la circulación de tránsito. “La agudeza visual es el detalle espacial más fino que se puede percibir”, explica el licenciado Ardón.
Conducir con una agudeza visual desmejorada, por una o más condiciones de la vista, puede provocar que el piloto no lea las señales o no reconozca los peligros en forma oportuna, señalan los expertos de la Escuela de Optometría de la Universidad Galileo.
Otra de las evaluaciones que no debería faltar en un examen óptico es el campo visual. Según los optometristas los conductores deberían tener un campo visual de por lo menos 100 grados en cada ojo, para que se tenga una perspectiva de 180 grados de visión.
Conocer el campo visual es muy importante, pues por su medio se logra llevar el control del tráfico que está al frente del vehículo. También se logra mantener el automóvil al centro del carril y supervisar sus bordes.
Para el licenciado Ardón, cuando un conductor tiene el campo visual deficiente, por una o más condiciones de la vista, puede no reaccionar al peligro que se acerca desde el último carril de la izquierda o de la derecha.
Además podría no tomar en cuenta un semáforo suspendido sobre una intersección, así como serpentear al pasar por una curva y/o manejar demasiado cerca de vehículos estacionados.
Un punto muy importante es que si a un piloto le gusta correr, pero no sabe que tiene su campo visual deficiente, esto puede ser peligroso, pues la velocidad cambia los parámetros de ubicación y altera la precisión con la que se puede estimar el tamaño de los objetos y las distancias a las que se encuentran.
Cuando la persona está detenida, la capacidad de percibir detalles en el campo visual se extiende a casi 160 grados de visión. Al comenzar a desplazarse en el vehículo, el área de visión nítida disminuye progresivamente a medida que aumenta la velocidad. A grandes velocidades, el campo visual útil puede tener una reducción de casi un 30 por ciento, lo que implica que los detalles laterales se han difuminado en gran medida y que la visión de los objetos frontales se encuentra enmarcada por un área de visión reducida.
Así, si existiera una disminución de la agudeza visual habitual del conductor, no se podrían apreciar nítidamente los objetos que se encuentran frente a él. Las condiciones de visión de brillos y contrastes están alteradas, por lo tanto la información visual percibida estará trastornada, lo que hace que la respuesta ante un objeto en la carretera sea más lenta. En condiciones de poca visión, por agentes externos como lluvia o niebla, la velocidad de reacción será aún más lenta.
Además, en cuanto a la visión de colores, a alta velocidad su percepción también variará, será más difícil diferenciar los bordes entre la carretera y la vegetación, así como detectar las luces de freno de los vehículos delanteros; nuevamente, la velocidad de reacción será más lenta.
Las condiciones antes descritas son muy comunes. Si se espera que un conductor con buena visión tenga dificultades para enfrentar estas situaciones, una persona con problemas visuales de algún tipo verá incrementada estas mismas dificultades y se convertirá él mismo en un factor a considerar por los demás conductores, como un agente de peligro en el tráfico, expresa el oftalmólogo Acevedo.
Otro factor mencionado por los especialistas es la estereopsis, la cual permite apreciar distancias entre los objetos. Cuando adelantamos o cambiamos de carril, hay que ser capaz de valorar correctamente las distancias. El desconocimiento de cómo está este campo visual puede provocar que el conductor pare demasiado cerca de la línea límite, o adentro de la intersección o cruce, que haga vueltas demasiado amplias o muy cerradas y/o no mantenga la velocidad y la distancia de seguimiento apropiadas.
Además, puede dificultar la conducción al no poder calcular la distancia entre un vehículo en marcha y el que está conduciendo.
Los especialistas van más allá al señalar que un examen de la vista también debería incluir evaluaciones de visión nocturna, resistencia al deslumbramiento, movimientos oculares y percepción visual.
De acuerdo con las estadísticas de Maycom, aproximadamente 176 mil conductores guatemaltecos utilizan lentes para conducir. Pero para muchos de los especialistas no existe ninguna garantía de que estas personas tengan la adecuada graduación en sus lentes, ni mucho menos que el resto de los automovilistas, 1.300,000, gocen de salud óptima para ponerse al mando de un volante.
De acuerdo con Ardón, “un déficit visual cuantitativo por lentes, cuya graduación no es la correcta o el estado de los cristales no es el idóneo, supone una merma importante en aspectos cualitativos como el cálculo de distancias, fundamental en un adelantamiento”.
Los especialistas mencionan, por ejemplo, el caso de los conductores de edad avanzada, cuyo rendimiento visual disminuye porque numerosas funciones corporales se ven mermadas por el envejecimiento del sistema anatómico visual y el deterioro neural del cerebro. Sobre los 65 años, la mayoría de la gente experimenta reducciones en su visión como en movimientos oculares, la adaptación a la oscuridad, la resolución espacial (agudeza visual estática y dinámica, sensibilidad al contraste), percepción espacial (campo visual, cálculo de distancias), así como recuperación al deslumbramiento, visión cromática, resolución temporal (percepción del movimiento y de la velocidad), atención y búsqueda visual y de otras habilidades.
Otro aspecto que no se toma en cuenta a la hora de realizar los exámenes de la vista son las operaciones en los ojos, dicen los expertos. Una persona que se ha sometido a una intervención de cataratas o miopía, aunque recupere su visión cuantitativa, durante un tiempo puede tener un deterioro en sus condiciones visuales cualitativas, como por ejemplo: un mayor grado de deslumbramiento o la presencia de halos en torno a las luces o faros. Esto puede ocasionar un descenso en el margen de seguridad e incrementar el riesgo de sufrir un accidente.
Ante esa situación, la pregunta que muchos se hacen es si las pruebas actuales son suficientes, o deben considerarse otras funciones visuales. En ese sentido, tanto Ardón como Acevedo ven la necesidad de revisar el examen visual que se realiza en el marco de las pruebas para la obtención del permiso de conducir, para evitar riesgos fatales para el conductor, sus acompañantes y el resto de personas que circulan por la vía.
“Los exámenes actuales no permiten asegurar que quien se halla en límites considerados de normalidad tenga una aptitud visual suficiente para conducir, dentro de un nivel de riesgo aceptable”, apunta el oftalmólogo Acevedo.
Por consiguiente, las funciones visuales básicas que se deben tener en cuenta a priori en la conducción son el campo visual, la agudeza visual -capacidad para ver detalles pequeños-, esteropsis, visión de colores, así como la sensibilidad al contraste -facultad para distinguir objetos poco resaltados-, y la sensibilidad al deslumbramiento.
Otra de las recomendaciones de los especialistas es establecer, para cada una de las funciones, un valor umbral, o cantidad mínima exigible para que la evaluación brinde seguridad. Esto, en vista de que el Departamento de Tránsito de la Policía Nacional Civil no cuenta con parámetros establecidos que regulen a las ópticas autorizadas para realizar los exámenes.
Para el oftalmólogo Acevedo también debería establecerse qué exámenes son exigibles para cada tipo de licencia, ya que no es lo mismo conducir un vehículo estándar, como un taxi o un automotor particular, que un camión, plataforma de gran porte o máquinas viales, ya que los esfuerzos que se realizan en estos últimos son diferentes.
En fin, todos los factores antes mencionados llevan a concluir que los exámenes de la visión para obtener la licencia de conducir no son un juego, por lo que ópticas, Gobierno y automovilistas deben estar conscientes de los riesgos que se corren al no tomarlos en serio.
El 90 por ciento de la información que recibimos al conducir nos llega a través de la vista, de ahí que las condiciones visuales sean determinantes para un buen rendimiento como conductor. Durante la conducción de vehículos existen factores visuales que resultan fundamentales, como la agudeza visual, la visión de profundidad, el campo visual (amplitud de visión lateral), la visión de los colores y muy especialmente la adaptación a los cambios luminosos y a la oscuridad.
Velocidad y campo visual
A mayor velocidad no solo se ven menos cosas, sino que se dificulta la evaluación de situaciones. El campo de visión del conductor se va reduciendo, hasta quedar en un escaso ángulo de 30 grados cuando se circula a una velocidad de entre 130 y 150 km/h: es lo que se conoce como efecto túnel.
Por tanto, si a 35 km/h el campo visual -104 grados- permite detectar sin dificultad objetos que están fuera de los márgenes de la carretera, a 100 km/h dicho campo de visión se ha reducido a 42 grados, limitando la percepción a elementos muy cercanos a la calzada. Aumentando esa velocidad entre 30 y 50 km/h, el efecto túnel impedirá al conductor advertir una situación de riesgo que suceda en el exterior de la carretera.
Para una buena visión al volante
• Hazte una revisión de la vista cada año. No esperes a la renovación de tu licencia de conducir.
• Prevé la fatiga ocular aumentando el ritmo de parpadeo, sobre todo si usas lentes.
• Evita la conducción nocturna, sobre todo si tienes glaucoma y si tienes más de 65 años, miopía, cataratas o después de ser operado de problemas visuales y durante un tiempo prudencial.
• Si utilizas lentes graduados, mantén los cristales siempre limpios, sin rayones.
• En caso de utilizar lentes de contacto evita el aire acondicionado intenso, las corrientes de aire y fumar dentro del vehículo.
• Si no utilizas lentes vigila síntomas como fatiga, visión borrosa o dificultad para ver de noche.
• Para evitar el deslumbramiento lleva limpio y sin rayaduras el parabrisas.
• Haciendo una parada cada dos horas o 200 kilómetros se previene el cansancio ocular.
• Llevar el parabrisas y los espejos limpios facilita una mejor visión durante la conducción.
• Una velocidad excesiva reduce el campo visual del conductor y puede producir fatiga debido a una mayor concentración en la carretera.
• Si estás bajo medicación o has ingerido un fármaco que pueda alterar la visión, así como si has bebido alcohol, no conduzcas.